Tras los fogones del calero, así creamos la cal que nos define

En Gordillos Cal de Morón consideramos el proceso de elaboración de nuestra cal como una auténtica obra de arte, en la que cada paso, selección y cocción del producto se basa una filosofía de trabajo que nos permite obtener un resultado único

Imagínate la cocina de un chef. Tras haber recorrido mercados, pescaderías y carnicerías para hacerse con los mejores ingredientes, el cocinero se dispone a guisar. Para ello, seleccionara cada pieza de verdura, de carne o de pescado y dejará en la olla todo su mimo y conocimientos de forma que el resultado sea digno del más exigente paladar. Un manjar cocinado a fuego lento, con la atención centrada en cada paso y, sobre todo, con los ingredientes principales: mimo y calidad.

Pues igual sucede en la cocina del calero. El campo artístico de Gordillos Cal de Morón son sus hornos de leña tradicionales y, en ellos, cada calero es un auténtico artista. Hoy vamos a contarte cómo seleccionamos cada piedra, cómo la cocemos y cómo la mimamos para que el resultado sea el que nos define hoy en día.

Desde mediados del siglo XIX producimos cal de la más alta calidad, partiendo de la utilización de hornos de leña milenarios de origen árabe. Nuestro ‘buen hacer’ ha sido transmitido de generación en generación hasta la actualidad. Un esfuerzo moral, persona y profesional en el que reparó la Unesco, que declaró nuestro proceso de fabricación, el oficio del calero, Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.

Porque la cocina del calero comienza bien pronto con la ‘selección de la piedra’. En Morón de la Frontera se encuentran importantes canteras de roca caliza muy pura, con un 98% de carbonato cálcico. Esta riqueza natural nos aporta de primera mano la máxima calidad del producto. La labor de elección es un auténtico arte: escogemos la piedra en la cantera, seleccionando y diferenciando entre los diferentes tipos.

Esto es una técnica heredada que, hoy en día, solamente trabaja nuestra familia. Días de trabajo, de apilar piedras y de entusiasta dedicación que nos garantiza que este trabajo artesanal ya cuenta con los ingredientes idóneos para el siguiente paso: la cocción.

Es importante recordar en este punto que los hornos empleados son tradicionales y herencia de los hornos romanos e islámicos de los que hemos recogido el testigo. Llegados aquí, construimos la bóveda del horno tras la sección de las piedras y todo ello bajo la filosofía de ‘el tamaño justo en el lugar correcto’. Nada está seleccionado al azar y cada grano de piedra cumple su función. ¿Curioso verdad?

El horno que empleamos puede alcanzar cinco metros de diámetro y ocho de altura. Para protegerlo, se utiliza arcilla caliza que posteriormente sirve para reparar el horno durante el proceso de cocción. Cabe destacar aquí que el proceso de cocción es respetuoso con el medio ambiente: la leña del olivo es el combustible que más empleamos, por ser muy extendido, abundante y porque su combustión no produce apenas ceniza y carbón. Además, la leña del olivo aporta más grasa a la cal y esto permitirá mejor su adherencia a la superficie.

Cuando el fuego comienza, lo hace también la segunda parte de la obra artística del calero: la cocción ¿Sabías que la temperatura que se necesita para ello ronda los 1000ºC?. Además, el proceso de cocción puede llegar a durar veinte días y durante este tiempo el producto necesita de nuestra atención y de nuestra experiencia.

Hay que controlar la temperatura a través del color del fuego: Se ha de observar el proceso de combustión y su efecto sobre el color del humo y de la piedra, así como controlar y mantener constantemente el calor y su dirección.

Los conocimientos del calero y el trabajo bien hecho de todo el equipo son, sin duda alguna, los ingredientes clave en la cocción perfecta. Es un momento en el que la simbiosis entre calero y horno es única: el horno se transforma en animal y es, solamente entonces, cuando la piedra empieza a cobrar vida. ¿El resultado? Un producto único, de máxima calidad y pureza. Los caleros han obtenido su obra de arte.

Y este resultado es el que luego luce en interiores, obras de arquitectura, patrimoniales y un largo etcétera de estilos y proyectos a los que se aplica la cal. Lejos de ser un producto rudimentario, la cal es el producto perfecto para la construcción elaborada por medios artesanales. Edificación sostenible, restauración, conservación del patrimonio, interiorismo limpio, absorbe CO2, en su proceso de endurecimiento, mejora la calidad del aire de los espacios habitados, aportando confort y bienestar … conoce todo lo que puedes lograr con Gordillos Cal de Morón en nuestra web y empieza a elaborar tu propia obra de arte con Cal de Morón de la Frontera.

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